Recorrido por la Península de Los Balcanes

Los Balcanes: un itinerario diferente por el Viejo Continente

Construcciones de concreto oscuro, cascos antiguos, monumentos y personajes históricos se repiten a lo largo de la Península de Los Balcanes. Los países que pertenecen a esta impopular zona europea tienen mucho que ofrecer, pero pocos se dan el tiempo de conocerlos.

No es la Europa que suele asimilarse a Francia, Italia, Alemania o España. Aunque en muchas zonas, la arquitectura, la comida y su gente no tienen nada que envidiarles a los más populares del Viejo Continente. La Península de Los Balcanes la administran 10 países –Albania, Bosnia y Herzegovina, Eslovenia, Grecia, Rumania, Montenegro, Macedonia del Norte, Bulgaria, Serbia y Croacia- una zona de Italia (Friul-Venecia Julia) y la región de Tracia Oriental.

Bordear y recorrer el Mar Adriático hasta el Jónico es una buena opción para comenzar a introducirse en la historia de este trozo de Europa y conocer, desde su interior, cómo su población tiene que lidiar hasta hoy con conflictos políticos y territoriales entre vecinos, pero también, cómo viven en una Europa menos popular, que funciona por temporadas y a precios mucho más asequibles.

Los Balcanes desde Split

Split es la ciudad principal de la región de Dalmacia, en Croacia, y uno de los principales canales comerciales al interior de la Península. Los pasos del Imperio Romano por ella aún se reflejan en su casco histórico que abarca gran parte de lo que fue el Palacio de Diocleciano, emperador de entonces que quiso construir su casa de verano en esta ciudad para convertirla, finalmente, en su residencia permanente hasta el día de su muerte.

La que fue también una de las tantas locaciones de la serie Game Of Thrones, es una ciudad que tiene de todo: montañas, centro, playas, historia y shopping. Durante el verano europeo se activa la llegada masiva de turistas, principalmente desde Italia, al encontrarse un país frente a otro y tener la facilidad de cruzar en ferry, una tónica que los italianos aplican también en Albania.

De Croacia a Montenegro

La estación de buses de la ciudad se encuentra a menos de cinco minutos caminando desde Riva, el principal paseo marítimo de Split que concentra restaurantes y cafés con vista al Adriático, definido por palmeras y embarcaciones que van desde botes pesqueros hasta yates de incalculable valor. En esta estación, se toma el bus hacia Montenegro, específicamente a Kotor, no sin antes cruzar un pedazo de tierra bosnia. Suena complejo, pero no lo es.

El tramo desde Split a Dubrovnik demora entre cuatro y cinco horas en bus. Lo extraño es que, a pesar de que ambas ciudades están dentro de Croacia, hay que pasar por Bosnia y Herzegovina. Y es que Bosnia tiene un trozo de tierra que corta el camino croata, es decir, hay un paso fronterizo que permite cambiar de país por un rato hasta la próxima entrada a Croacia. En la misma estación a la que llega el bus en Dubrovnik, un shuttle recoge a los pasajeros para seguir hasta Kotor. Ese trayecto dura casi tres horas.

El tramo Split-Dubrovnik cuesta 126 kunas, es decir, cerca de $16.000. Mientras que de Dubrovnik a Kotor cuesta 141,75 kunas, equivalente a $18.000 aproximadamente. Estos tickets se pueden comprar bajando la app de Get by Bus, que permite tener los pasajes al alcance del celular.

Kotor, la ciudad amurallada de Montenegro

Kotor, la ciudad amurallada de Montenegro en la Península de los Balcanes

Kotor, la ciudad amurallada de Montenegro

Da la sensación de que los cerros que bordean esta ciudad se vendrán encima junto a las construcciones en ruinas que se ven a mitad de ellos. Kotor vive entre playas silenciosas, calles serpenteantes y embarcaciones de lujo que parecieran ser el principal medio de transporte, tanto para sus habitantes como para quienes la visitan por mar. El tema marítimo pega con mucha fuerza en este lado de Europa.

Su historia se remonta al 168 a.C, cuando estuvo bajo el mandato del gobierno de Roma. Las murallas que la delimitan son vestigios de la Edad Media, cuando el emperador bizantino, Justiniano I, la fortificó luego de expulsar a los Godos. Pero Kotor ha sido de muchos: la gobernó Constantino VII, el Primer Imperio Búlgaro, fue entregada a Serbia, luego le correspondió a la Albania Veneciana -una región del país que perteneció a la República de Venecia-, pasó al Imperio Austro Húngaro y, posteriormente, fue cedida a Montenegro cuando éste formaba parte del Reino de Yugoslavia.

Finalmente, y gracias a la independencia del país en 2006, Kotor quedó como ciudad de Montenegro y de nadie más. Tiene algo de Venecia, es verdad. Sus calles y arquitectura aun guardan restos de la República Veneciana e, incluso, hasta hoy se ven letreros que dicen Cattaro, como la llamaron bajo su mandato.

Kotor utiliza el euro como moneda oficial. Al interior de la ciudad amurallada hay muchos restaurantes, cafés, bares, tiendas de souvenir y de ropa. Por supuesto, mucha influencia de gastronomía italiana, siendo los trozos de pizza la comida más barata y rápida: un pedazo generoso cuesta 2 euros, pero tomarse un Aperol en la plaza principal, frente a la Torre del Reloj, cuesta 5.50 euros ($5.200 aproximadamente).

A media hora del centro de Kotor, y por 2 euros el pasaje ida y vuelta en bus, se puede llegar hasta Perast, una de las localidades que bordean el paseo costero que también lleva hasta la playa Dobrota. Más alejado, a 50 minutos del centro y por 8 euros el pasaje ida y vuelta, está Budva, una ciudad playera, con rasgos similares a Reñaca y Concón en la V región de Chile. Budva es más económica que Kotor. Por ejemplo, las pastas cuestan 6 euros, mientras que en Kotor hay desde 8 ($5.700 y $7.600 respectivamente).

La comida al paso también es barata: hamburguesas por 2 euros o cevapis por 2.5 euros, un plato clásico de la zona balcánica. Imposible despedirse de Kotor sin antes subir hasta la Fortaleza de San Juan, construida por Justiniano I como método de defensa contra los otomanos. Son cerca de 40 minutos de caminata con más de mil escalones para llegar a las ruinas. Cuesta 8 euros por persona, aunque en temporada baja es gratis. Lo mejor que tiene es la increíble vista de la ciudad, con los tejados rojos de sus construcciones y la perfecta forma triangular de su bahía.

Albania y las 3 B

Hace años está tramitando su ingreso a la Unión Europea, pero países como Francia se niegan a que acceda a la comunidad. Albania es un país pequeño, pero la calidez de su gente lo engrandece. Siempre dispuestos a ayudar, aunque no hablen una gota de inglés. Incluso es más fácil que entiendan español, pues tiene palabras similares al italiano, idioma que manejan con bastante facilidad luego de que Mussolini invadiera el país en 1939 y lo anexara a la Corona de Italia. Se dice también que, en la época comunista, el único medio de comunicación que tenían con el exterior era la televisión del país de las pastas.

Desde Kotor se puede tomar un bus a Tirana, la capital. El ticket cuesta 26 euros o $25.000 a través de la app Get by Bus y el trayecto dura cerca de siete horas, aunque podría ser mucho menos si no hicieran tantas paradas. Tirana tiene comportamiento de capital: mucha gente, harto tráfico, construcciones grandes, parques, ejecutivos, escolares, comercio y más comercio. Su principal punto de encuentro es la plaza Skanderbeg, llamada así en 1968 en honor al héroe nacional albanés del mismo nombre, quien tiene una gran estatua en el centro del lugar.

Ahí también se encuentra el Teatro de la Ópera Nacional y el Museo de Historia, dos grandes y llamativas construcciones que caracterizan la zona y que forman parte del amplio casco histórico. A 10 minutos caminando está Blloku, el barrio más elegante de Tirana. Lo componen restaurantes, cafeterías, tiendas boutique de lujo y bares de moda. Muchas de sus calles recuerdan a los sectores Andrés Bello y La Concepción de Providencia, en Santiago.

Pero lo que más llama la atención del país en general son sus precios. Porque por muy elegante que se vea el restaurant o la cafetería, sus valores siguen siendo bajos en comparación a Europa Occidental. “Pastaria”, por ejemplo, es un local muy bueno de pastas a metros de la Plaza Skanderbeg que ofrece platos desde 250 Lek hasta 600 Lek ($1.600 y $4.700, respectivamente). Por ejemplo, una porción contundente de tagliatelli con camarones, palta, tomate y ajo cuesta 389 Lek, es decir, $3.000. La pasta con mariscos asciende a 490 Lek, lo que se traduce a cerca de $3.800.

Para tomarse un trago o comer snacks rápidos está el local “Trinity”. Una porción de aros de cebolla y otra de papas fritas para compartir, más un sándwich vegetariano, otro de pollo y una bebida cuesta en total 680 Lek, es decir, $5.300. Y si de cafeterías se trata, está Mon Chéri, algo así como un Starbucks pero con precios bastante más bajos: un capuchino en tazón más un trozo de torta de chocolate cuesta 300 Lek ($2.300) o por 420 Lek ($3.300) puedes disfrutar de un tazón de latte más un trozo de cheesecake y un galletón. No por nada la editorial Lonely Planet incluyó a Albania como uno de sus destinos estrella durante el 2019 por su buena relación precio-calidad.

Un road trip diferente

Berat, la ciudad de las mil ventanas en Albania, península de los balcanes

Berat, la Ciudad de las Mil Ventanas

Pero el encanto de esta sorpresa de país traspasa su capital. Recorrer el sur de Albania es un road trip entretenido y, sobre todo, diferente. Para hacerlo, arrendar un Fiat Punto desde Tirana y por cinco días cuesta 92.74 euros, de los cuales 40.38 euros son el alquiler y 52.36 euros la cobertura Premium por Rental Cars.

La primera parada de un acotado circuito es Berat, la localidad más antigua conocida como “la ciudad de las mil ventanas” durante el régimen comunista, debido a sus casas blancas que adornan los cerros y que miran hacia el río Osum. Berat vive entre mezquitas e iglesias católicas y se divide en tres cascos antiguos -Mangalem, Gorica y Kalaja- los que en 2008 la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad.

A 160 kilómetros está Gjirokastër, una ciudad-museo que en 2005 la Unesco también

Península de Los Balcanes, un itinerario diferente

Centro de Gjirokastër

reconoció. Si bien es una ciudad albanesa, en ella también habita una minoría proveniente de Grecia, pues la frontera está a solo 36 kilómetros. Además, para la Primera Guerra de los Balcanes, Gjirokastër fue reclamada por los griegos y, en la II Guerra Mundial, fue controlada por ellos, los italianos y los alemanes. Es interesante Gjirokastër porque su casco histórico se encuentra en la colina, a los pies del castillo que, hasta los 90’, sirvió de prisión en la época comunista. Desde ahí, la panorámica de la ciudad es perfecta.

Y si la visita a Albania es durante el verano europeo, un imperdible es la Riviera Albanesa. A poco más de una hora desde Gjirokastër se encuentra Sarandë, una ciudad costera situada entre el mar Jónico y el Adriático que en época calurosa, sin duda, llega a su peak: hoteles de lujo, playas privadas, restaurantes de mariscos, hospedajes para todos los gustos, bares y una completa vida playera definen a este puerto como punto de parada obligatorio para disfrutar del sol albanés. Y desde aquí, se pueden recorrer las distintas playas hacia el norte que forman parte de la Riviera color turquesa: Lukovë, Borsh, Porto Palermo, Himarë, Jale hasta llegar a Vlorë, luego de casi tres horas de trayecto.

La carretera que va hacia el sur no tiene peajes y el paisaje es bastante verde, similar al sur de Chile. Pero los albaneses no son cuidadosos para manejar, no hay respeto por los peatones ni por el resto de los conductores, menos por las señales de tránsito. Para conducir hay que ir con los cinco sentidos muy despiertos. Fuera de eso, es un país atractivo en precio y calidad, que aún no se populariza como debiera y que poco está en la mente de los viajeros tradicionales al realizar un itinerario por Europa.

Macedonia del Norte

Una estatua de un hombre arriba de un caballo parado en dos patas sobre un largo pilar, rodeado de soldados y leones, llama la atención a cualquiera que pase por la Plaza Macedonia, ubicada en el casco histórico de Skopje. La figura se llama “Warrior in a Horse”, pero todos la reconocen como la estatua de Alejandro Magno, el emperador macedonio que venció al Imperio Persa y conquistó el territorio que se extendía desde Grecia hasta las puertas de la India.

La imponente figura de Magno es una de las 275 estatuas que adornan la capital de Macedonia del Norte. Su centro mezcla la historia a través de su arquitectura con bloques de concreto oscuros, clásicos de la era comunista, junto a las estatuas y la vida gastronómica local e internacional.

Cruzando el Puente de Piedra los homenajes al emperador continúan. Cuatro estatuas de Olimpia de Epiro, mamá de Magno, la muestran en cuatro etapas de la maternidad, desde su embarazo hasta un Alejandro niño. Y justo frente a ella está Filipo II, papá y rey de Macedonia desde 359 a. C, custodiando la ciudad junto a su esposa y su hijo pequeño, quien sería el futuro emperador.

Vecinos conflictivos

Pero si bien Alejandro Magno aparece en cada esquina de Skopje, el personaje es parte de un reconocido conflicto histórico entre los macedonios y sus vecinos griegos. Parte de lo que hoy es Grecia, fue en su momento territorio del Reino de Macedonia. Pero a los macedonios les cuesta reconocer la pérdida de tierras. A esto, se suma el conflicto de que los helenos consideran a Magno como parte de su herencia histórica. En 2019 el Primer Ministro de Grecia visitó Skopje, lo que fue considerado un hito histórico, pues era la primera vez que un líder griego aterrizaba en el país desde que se independizó de la antigua Yugoslavia (1991).

Una de sus condiciones para hacerlo era que le cambiaran el nombre al aeropuerto: de llamarse Aeropuerto Internacional Alejandro Magno pasó a llamarse Aeropuerto Internacional de Skopje. Y si de nombres se trata, como se conoce hoy al país también fue tema entre los vecinos. La República de Macedonia fue la primera propuesta para formar un nuevo país al acabarse la antigua Yugoslavia. Pero Grecia rechazó el término porque así también se llama la región del norte de ellos. La pelea acabó en febrero de 2019, después de que ambas partes aceptaran el nombre actual: República de Macedonia del Norte.

Para probar su gastronomía hay que ir al barrio Debar Maalo, a 15 minutos caminando desde la Plaza Macedonia. Es la zona cool de la ciudad, donde se come rico y contundente, pero donde los fines de semana es necesario reservar debido a su popularidad. Por ejemplo, en el restaurant Skopski Merak, una copa de vino macedonio, una Skopsko (cerveza local), 5 bruschettas con crema de champiñones para compartir, una paila de berenjenas asadas con tomate y queso y un cerdo envuelto en tocino con papas y ensalada cuesta 960 Dinar Macedonio, cerca de $15.000.

Recorrer la Península de Los Balcanes es una clase intensa de historia. Por mucho que a veces se parezcan unos países con otros, es su gente la que los distingue. Es un trozo de Europa que debiera ser más considerado a la hora de planear las vacaciones al Viejo Continente. O bien, debieran ser destinos obligatorios para quienes quieren escapar de lo clásico. Construcciones que no tienen nada que envidiar a París, monumentos tan impresionantes como los de Roma, ciudades que guardan más anécdotas que Berlín y gastronomía rica y económica como la española son parte de las ofertas y secretos que guarda este interesante lado del mundo.

Publicado en Relatos viajeros.